El inicio de un nuevo milenio genera un cambio de conciencia, una nueva actitud en la gente, en cuanto a cuestionar los mandatos implĆcitos acerca de lo que debemos hacer con nuestro cuerpo, nuestra comida, vida sexual, hĆ”bitos, actividades laborales y de ocio, etc. Estamos tan adormilados, apabullados, anestesiados, tan sometidos a lo que han dispuesto para nosotros, que muchos no podemos ni siquiera experimentar la libertad interior de sentirnos arquitectos de nuestro destino. ¡Cómo alcanzar el bienestar psicofĆsico si padecemos tal intoxicación por dentro y por fuera, que perdimos la capacidad de emocionarnos por los hechos mĆ”s triviales pero mĆ”s hermosos, como contemplar un paisaje o jugar con nuestros hijos!
La vida brota por doquier y espera de nosotros que asumamos nuestra esencia. Es nuestra tarea rescatar al hada o prĆncipe que llevamos dentro, el que quiere existir y no sufrir, amar y no odiar, disfrutar y no padecer; ese artista que olvidó por un tiempo sus sueƱos pero que ahora los quiere recuperar.
Desde luego, no todo serĆ” color de rosa una vez que tomemos la decisión de hacernos cargo de nuestra vida con el Ćŗnico fin de ser felices y hacer felices a quienes nos rodean. No estamos acostumbrados, y parecerĆa que el mundo entero se opone a ese sano mandato de la naturaleza. Para iniciar esta transformación mejoraremos nuestra dieta, ya que, en palabras de Ludwig Feuerbach: “El hombre es lo que come”. Pero tambiĆ©n el ser humano es lo que hace, dice, piensa, siente y desea; por lo que, mejorar la forma de alimentarnos es una de las vĆas (aunque no la Ćŗnica ni suficiente por si misma) de acceso al equilibrio psicofĆsico. Asimismo, adquirimos nuevas costumbres, mĆ”s saludables que las anteriores, desarrollaremos otras y / o mĆ”s satisfactorias actividades fĆsicas y espirituales. Nos relacionaremos de otra manera con nuestros semejantes y seres queridos. Re-significaremos todas nuestras tareas cotidianas, tal vez cambiaremos de actividad laboral (el trabajo a disgusto enferma) y probablemente iniciaremos algĆŗn tratamiento de salud. El cambio supone pĆ©rdidas y, en este aspecto, serĆ” penoso, pero como ya es sabido, en la vida lo que vale cuesta. La decisión de modificar hĆ”bitos cotidianos fundamentales implica asumir responsabilidades en cuanto a entender que somos nosotros mismos quienes forjamos nuestro destino y por ello debemos hacernos cargo del mismo.
Extracto de “Cómo y por quĆ© la alimentación influye sobre la salud” del Dr. Daniel Levy y Alejandro Bosack

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