Desde hace miles de años constituyen una fuente nutricia bÔsica. Su riqueza en fibra, sales minerales y vitaminas los convierte en imprescindibles para todas las edades. El grupo Europeo de prevención del cÔncer considera que el consumo de una dieta rica en cereales se asocia con una reducción del riesgo de cÔncer de colon y de recto. Dicho consumo también protege contra el tumor maligno de mama y el de próstata, porque la abundante fibra y los estrógenos vegetales que contienen los cereales reducen el riesgo de las divisiones anormales de células. Por otro lado, los estrógenos vegetales tienen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que, junto con la vitamina E, previenen la enfermedad cardiaca.
Tales beneficios ponen de relieve la importancia de no dejar de consumir un alimento que forma parte de la dieta humana desde hace miles de aƱos, si bien la clase de cereal ha variado bastante segĆŗn las zonas geogrĆ”ficas: arroz (en toda Asia), maĆz (en las AmĆ©ricas), trigo, cebada y centeno (Europa), sorgo y mijo (Africa). En torno a los cereales existe algo mĆ”s que cultura gastronómica; incluso generaron un autĆ©ntico culto, con sus propias deidades, en la medida en la cual su cultivo y conversión en base de la alimentación fue imprescindible para que los seres humanos pasaran de una existencia nómada a otra sedentaria.
Su riqueza en sales minerales como hierro, selenio, potasio, magnesio, zinc y cobre, ademĆ”s de vitaminas B1, B3 y B6, los convierte en excelentes aliados de nuestra salud. Es cierto que casi todos los cereales carecen de dos aminoĆ”cidos esenciales –la lisina y la metionina- y que, por si mismos, no pueden asegurar un equilibrio alimentario completo, pero por ello, desde tiempo inmemorial, se han combinado con las legumbres.

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